En las últimas semanas el planeta Tierra está asistiendo con atención e inquietud a la extraordinaria actividad solar cuyas emanaciones llegan, en forma de radicación, a nuestro planeta. En principio nuestra atmósfera no protege de sus nocivos efectos pero nuestros satélites de comunicaciones, y los que no lo son, sufren directamente la incidencia de los mismos…
Una gran actividad solar podría acabar con ellos y provocar un caos en la Tierra, sin comunicaciones, sin televisión, sin información, el miedo se apoderaría del ser humano, las bolsas comenzarían a sufrir los efectos desplomando sus valores hasta que la comunicación e información fueran restituidos.
Hoy día no concebimos la vida sin nuestro teléfono móvil, sin la televisión, sin internet… Puede que su fin esté más cercano de lo que creemos sin que ello signifique un profético “Fin del Mundo”…, ¿o tal vez si?
Incluso en nuestro espacio aéreo pueden producirse alteraciones, así la compañía aérea Delta Air Lines informó del cambio de rumbo de diferentes vuelos entre Asia y Estados Unidos debido a la alteración de las comunicaciones vía satélite, todo ello debido a la erupción sloar del pasado mes de Enero de 2012.
En otros lugares del planeta se produjeron fenómenos igualmente importantes: “El sur de Brasil, Paraguay, el noreste de Argentina y Uruguay están en lo que se conoce como “la anomalía magnética del Atlántico Sur”, siendo la región del planeta con menor valor de campo magnético.
Pero la situación no mejoró, se produjo una nueva llamarada en nuestra estrella vital que pocas horas después sus efectos se dejaban sentir en nuestro planeta. El astrónomo Gonzalo Tancredi explicó como éstas iban a afectar con mayor riesgo a las comunicaciones a nivel global.
Nuevamente se produjo una nueva explosión solar con valor M9, una de las más importantes registradas desde 1859. Sus efectos se hacían temer ya que nuestra magnetosfera nos protege de este tipo de erupciones y peligros pero necesita de un tiempo para recuperarse y de la anterior aún no lo había hecho… Aunque, cierto es, esta gran erupción era tres veces menos poderosa que la registrada en días pasados.
Las alertas se encendieron en los diferentes observatorios y universidades dedicadas al estudio de nuestro astro rey… En estos momentos se encuentra en una de sus etapas más activas, quizás por que estamos en pleno inicio de ciclo de actividad, habiéndose dejado el periodo de 11 años de baja actividad solar.
Son predecibles las erupciones solares debido a las manchas en la “superficie” del sol, las manchas nos indican los eventos solares y han sido cisionadas desde la más remota antigüedad.
El peligro se podría definir como la materia que desprende el sol en forma de plasma (partículas energéticas como protones y electrones) y avanza por el sistema solar llegando a la Tierra donde interactúa (o puede hacerlo) con el campo magnético terrestre que las repele, no exento de que restos de ellas lleguen a la Tierra muy disminuidas.
Sus efectos más inmediatos sería la formación en el cielo de las bellas auroras boreales en las regiones polares y el provocar fallos o averías serias en nuestros satélites.
En zonas con una adecuada protección natural o alto campo magnético el peligro es mínimo, pero todas las regiones del planeta no son igual, así desde la zona sudamericana la situación es diferente. Tienen un bajo coeficiente de campo magnético y eso las hace especialmente vulnerables.
La zona de Bajo Campo Magnético abarca desde el sur de Brasil, Paraguay, el noreste de Argentina y Uruguay, y se la denomina como “la anomalía magnética del Atlántico Sur”, como dato decir que es la región del planeta con menor valor de campo magnético.
Esto nos dice que en estas regiones el valor del campo magnético es bajo y las partículas solares llegan a ellas con mayor intensidad… Uno de los efectos es que cuando los satélites de baja órbita –apreciables a simple vista por la noche como puntos de luz móviles en la bóveda celeste– pasan sobre esta región sufren una mayor cantidad de desperfectos en la parte electrónica debido a la incidencia de las partículas energéticas.
En muchas ocasiones estas mismas partículas son perniciosas y los equipos de control remoto de los satélites pueden dárseles orden de la desactivación de los instrumentos para evitar los daños.
Las llamadas “llamaradas solares” son potencialmente peligrosas sin nuestra magnetosfera y ejemplos hay en la Historia como para temerla. En el año 1989 provocaron un apagón de luz que afectó a seis millones de personas en Canadá, en la ciudad de Quebec.
En el año 2033 quemaron los transformadores de la gran central eléctrica de Sudáfrica.
La mayor que se conoce hasta la fecha fue la referida anteriormente de 1859 cuando sus efectos quemó la mayor parte del sistema telegráfico del mundo, incluso algunos de ellos funcionaban solos… El astrónomo Gonzalo Tancredi decía al respecto: “Se estima que si hoy en día ocurriera una tormenta como esa, las pérdidas estarían en millones de millones de dólares, por ejemplo, gran parte de los satélites artificiales dejarían de funcionar, eso significaría muchos problemas para las comunicaciones”.








