Historia Oculta

Las Tablillas de Tartaria

Al excavar en 1961, un montículo en la ciudad de Tartaria en Transilvania, los arqueólogos esperaban encontrar algo que simplemente iluminara los hallazgos previos sobre un asentamiento romano. Para su sorpresa, tres tabletas de arcilla grabadas con símbolos extraños fueron desenterradas.

La datación por carbono 14 reveló que databan del cuarto milenio antes de Cristo. Esto por lo tanto, sugiere que la escritura no habría surgido en Mesopotamia, cuna de la civilización de Sumer, sino en el corazón de la estepa inhóspita de Europa del Este.

Los grabados se encuentran en el fondo de lo que parecía ser un pozo de sacrificio con algunos huesos humanos. Llevaban símbolos pictóricos que recuerdan tanto las inscripciones de las tablillas de Sumer como los restos de la civilización minoica en Creta.

Pero las tablillas de Tartaria, que supuestamente pertenecían a Vinca, una tribu de la Edad de Piedra, para preceder a una escritura sumeria en un milenio y dos milenios a la cultura Minos.

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Esta teoría puede parecer arriesgada. En efecto, si la escritura ha aparecido en Europa en la Edad de Piedra, no Sume en la Edad de Bronce, uno se pregunta cómo habría llegado a la lejana Sumeria 1000 años antes de la isla de Creta.

Por otra parte, que hay restos del desarrollo de la escritura en Mesopotamia, ya que no hay rastro en el este de Europa.

Prehistoriadores creen que la datación por carbono de las tablillas de Tartaria está mal. Para otros, no es imposible que, después de haber sido desplazadas en el interior del montículo, las tablillas, de hecho, reflejan un momento de un asentamiento en Vinca más desarrollado y anterior a la escritura sumeria.

En un tercer caso, las inscripciones en las tablillas serían ininteligible, signos de la “magia” que los pueblos primitivos se han copiado en los frascos y tarros de comerciantes de una civilización más avanzada de Oriente Medio.

Sin embargo, otras reliquias con señales de “escritura” se han encontrado en Europa y también crean problemas a la prehistoria tal y como nos la han contado.

Alonso Sanchez de Huelva

Diversos autores y tradiciones nos hablan de un misterioso marino onubense, Alonso Sánchez, que pudo preceder a Cristóbal Colón en el descubrimiento del Nuevo Mundo. La realidad del “prenauta” se confunde con su leyenda, que viene a avivar el fuego de un viaje lleno de lagunas y puntos negros. Por: Alberto de Frutos

Quienes se den una vuelta por los jardines del Muelle de Huelva se toparán con un monumento del escultor León Ortega consagrado a la memoria de un navegante. En su base figura la siguiente inscripción: “Al marino Alonso Sánchez de Huelva, predescubridor del Nuevo Mundo”.

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Alonso Sanchez de Huelva

Un instituto de Educación Secundaria, en la Avenida Pío XII de la misma ciudad, un parque, o una embarcación de salvamento de cobertura bautizada también en su honor recuerdan a ese “predescubridor” o “prenauta”, el hombre que supuestamente antecedió a Colón en la conquista del Atlántico y el descubrimiento del Nuevo Mundo.

Su biografía parece haberse gestado en un muelle de brumas. Fijar las coordenadas de su nacimiento o de su muerte es poco menos que imposible, sobre todo porque ni siquiera sabemos qué crédito conceder a una de las historias más heterodoxas y fascinantes de cuantas han alumbrado las crónicas.

El fraile dominico Bartolomé de las Casas (1484-1566) fue uno de los autores más significativos que dio carta de naturaleza al personaje, rebajando en parte, aunque sin pretenderlo, el mérito de Cristóbal Colón, cuyas destrezas en el oficio de marino y probada intuición no parecían bastar a su hazaña.

No, el genovés necesitaba que alguien le echara una mano; y el apologista de los indios registró un rumor muy difundido en la época según el cual: “Díjose que una carabela o navío que había salido de un puerto de España (no me acuerdo haber oído señalar el que fuese, aunque creo que del reino de Portugal se decía) y que iba cargada de mercaderías para Flandes o Inglaterra, o para los tratos que por aquellos tiempos se tenían, la cual, corriendo terrible tormenta y arrebatada de la violencia e ímpetu della, vino diz que a parar a estas islas y que aquesta fue la primera que las descubrió. Que esto acaeciese así, algunos argumentos para mostrarlo hay (…)”.

No obstante, el padre no escatimó elogios a la hora de ensalzar al descubridor oficial de las Indias.

Tal como apunta E. Ortiz, de la Universidad de Arizona, “el piloto fue una de tantas ayudas divinas que Colón recibió para realizar su expedición. De esta manera, Las Casas nos dice que Colón era el elegido de Dios y por esa condición `de todas partes y por muchas maneras daba Dios motivos y causas a Cristóbal Colón para no dudase de cometer tan grande hazaña’”.

Alonso Sánchez se fue materializando desde su bruma primigenia hasta tomar cuerpo por obra y gracia de varios estudiosos que dieron pábulo a su existencia. En realidad, Las Casas no fue el primero que nos habló de él.

La paternidad del piloto misterioso habría que atribuírsela a otro historiador sobresaliente, Gómez Suárez de Figueroa, llamado el Inca Garcilaso de la Vega, quien se la habría oído contar a su padre, servidor de los Reyes Católicos.

En el capítulo III de sus Comentarios reales (1609), el inca presentaba una minuciosa reconstrucción de los hechos: “Cerca del año de mil y cuatrocientos y ochenta y cuatro, uno más o menos, un piloto natural de la villa de Huelva, en el Condado de Niebla, llamado Alonso Sánchez de Huelva, tenía un navío pequeño, con el cual contrataba por la mar, y llevaba de España a las Canarias algunas mercaderías que allí se le vendían bien, y de las Canarias cargaba de los frutos de aquellas islas y las llevaba a la isla de la Madera, y de allí se volvía a España cargado de azúcar y conservas.

Andando en esta su triangular contratación, atravesando de las Canarias a la isla de la Madera, le dio un temporal tan recio y tempestuoso que, no pudiendo resistirle, se dejó llevar de la tormenta y corrió veinte y ocho o veinte y nueve días sin saber por dónde ni adónde, porque en todo este tiempo no pudo tomar el altura por el sol ni por el Norte.

Padecieron los del navío grandísimo trabajo en la tormenta, porque ni les dejaba comer ni dormir. Al cabo de este largo tiempo se aplacó el viento y se hallaron cerca de una isla; no se sabe de cierto cuál fue, mas de que se sospecha que fue la que ahora llaman Santo Domingo”.

Templarios: misión “Tierra Santa”

¿Que pudo motivar una búsqueda semejante en pleno siglo XII. Que pudo impulsar a nueve nobles cristianos a llevar acabo tan extrañas tareas en el seno de la Ciudad Santa?.

Y las búsquedas apuntan directamente a Francia y a la figura de dos hombres: Hugo, conde de Champaña y San Bernardo de Claraval . Tras varios viajes a Tierra Santa entre 1104 y 1115, Hugo de Champaña mantiene contactos con el Abad de la Orden del Cister, Esteban Harding, a quién le dona una tierra donde San Bernardo, quién había entrado en la orden tres años antes, funda la abadía de Claraval.

A partir de este momento los cistercienses, con ayuda de rabinos judíos, comienzan a estudiar minuciosamente textos sagrados hebreos.

¿Habría encontrado el conde de Champaña documentos importantes en alguno de sus viajes?

Tras ser traducidos e interpretados, cabe la posibilidad de que se organizara una misión de búsqueda en Jerusalén, para lo cual fuera necesario contar con un comando de hombres devotos y leales.

¿Es absurdo creer en la existencia de una misión altamente secreta en Tierra Santa?

Veamos como van encajando las piezas de la conspiración.Se ha dicho que durante los nueve primeros los caballeros evitaron cuidadosamente que su pequeña tropa aumentara. Ya hemos manifestado anteriormente que esto carecía de toda lógica si su verdadero propósito fuera el de defender los caminos y los Santos Lugares , se necesitaría más tropas, pero los templarios rechazan cualquier compañía con la excepción de la del conde Hugo de Champaña, alrededor de 1125 o 1126.

La trama empieza a tomar forma.Se dice que Salomón fundó una “Logia de Perfección” integrada por maestros, y que nueve caballeros guardaban con sus espadas los nueve arcos que conducían a la Cripta Sagrada. 9 caballeros guardaban el Arca y otros 9 trataban de encontrarla. 9 elegidos que han sido designados para combatir a los infieles y sin embargo no se batirán. 9 hombres designados que se comportarán como monjes, castos y sin posesiones, nada debe distraerles ni desviarles de su tarea. La misión está por encima de todo.¿Tan importante es el Arca?, y sobre todo… ¿qué es el Arca? Por el Libro del Éxodo sabemos que el arca es un cofre de madera de acacia, revestido de oro interior y exteriormente.

Sus dimensiones eran 1,35 metros de largo por 0.80 de alto y ancho, con cuatro querubines cuyas alas se tocaban para formar el trono de Dios. Era tan sagrada que el sólo tocarla provocaba la muerte repentina.Pero lo importante no es el Arca en sí, sino su contenido: un recipiente con el maná, la vara de Aarón y sobre todo, las Tablas de la Ley, grabadas en piedra. Las Tablas de la Ley es algo sumamente valioso pues es fuente de saber y de poder, y ambos proceden de Dios. Se trata de una “ley divina”. Inscritos en ellas estaban las tablas del Testimonio, la ecuación cósmica, la ley del número, medida y peso que la cábala permitiría descifrar.

Poseer las Tablas del Ley significa tener posibilidad de acceso al conocimiento de la Ley que rige los mundos.Se comprende que Moisés no engañaba al pueblo hebreo cuando le prometía dominio por las Tablas de la Ley. Se empieza a comprender por qué Esteban de Harding y Bernardo de Claraval se dedicaban en su abadía al estudio de los textos hebraicos traídos de Jerusalén por Hugo de Champaña.

Porque los textos hebreos son el tratado de lectura de las piedras, pero estas si aún existen, se hallan en algún lugar bajo el Templo de Salomón, y alguien tiene que ir a buscarlas.

Y aquí entran en acción los Templarios.Una misión culminada con éxito ¿Encontraron los Templarios el Arca? No puede darse una respuesta sincera a esta cuestión. Sin embargo, algo ocurrió a los nueve años, otra vez el nueve, de iniciada la misión: Hugo de Payns y otros cinco Templarios regresan a Francia.

Según la historia oficial, en 1127 Balduino II, rey de Jerusalén, se halla en dificultades por falta de combatientes y recurre a la ayuda del Papa.Desea enviar un mensaje de socorro y pide al maestre templario que sea él su embajador ante el pontífice. Aquí encontramos otra nueva incoherencia en las funciones de la Orden del Temple.Hugo de Payns no era ni consejero ni mensajero del rey, sino que es el cabecilla de una tropa militar creada expresamente para la defensa del nuevo reino cristiano.

Es cuando menos sospechoso que Balduino recurriera al caballero templario para semejante misión, en vez de encomendársela a uno de sus embajadores, o en ausencia de estos, a cualquier otro noble de confianza no asentado de forma permanente en Tierra Santa que después de cumplir su voto de cruzada retornase a su hogar, algo muy común en la época.Pero el rey envía al maestre templario y este parte con seis de sus nueve caballeros, abandonando sus deberes en Ultramar.

La lógica no funciona, algo sigue fallando en el planteamiento. A menos que… podemos pensar, a menos que Balduino II aprovechase un viaje expreso de los miembros del Temple para encomendarles la tarea. Un viaje que podemos suponer, debió realizarse acatando un plan establecido desde el otro lado, posiblemente por San Bernardo. Los caballeros habían tenido éxito en su misión y debían volver a occidente.

Esta afirmación no se hace a la ligera. A partir de ese momento van a darse grandes cambios que van a afectar a la Orden del Temple y a toda Europa, pero el propio San Bernardo nos da una pista que apoya nuestras suposiciones.

Lo primero que hizo fue gestionar a favor de su pariente Hugo de Payns y los Templarios que le acompañaban, una acogida positiva y cordial por parte del Papa Honorio II, a quien los fundadores del Temple estaban a punto de visitar en Roma. De acuerdo con la propuesta de Bernardo, en la primavera de 1228, se celebró un concilio extraordinario en Troyes. Los caballeros hasta ese momento, aunque acogidos a la regla monástica de San Agustín, eran laicos, pero tras el Concilio de Troyes los Templarios se convierten en verdaderos monjes, integrantes de una orden religiosa plena y no de una simple agrupación de caballeros…

Vikingos en America

Aunque el éxito del Descubrimiento de América es históricamente apuntado a la figura, y coraje, del navegante Cristóbal Colón, el continente recién descubierto era ya sobradamente conocido por muchos otros que pisaron antes aquellas tierras que el genovés.

A Colón se debe la popularización del Descubrimiento, la gloria, y la nueva ruta hacía las “Indias” pero otros ya habían estado allí.

Entre los indios nativos del Norte de América ya se conocían a los “hombres de piel blanca” e incluso había mestizaje en algunos pueblos pudiendo encontrar incluso a nativos pelirrojos… Ello indica la presencia de otras razas y culturas en tierras americanas que por algún motivo decidieron abandonar las mismas.

Y es que en las costas de Canadá y norte de Estado Unidos encontramos los vestigios de poblados vikingos, sus construcciones, sus utensilios. En Newport (Terranova) podemos encontrar una torre Normanda, circular, construida en torno a un poblado, mucho antes de la llegada de los españoles…

El alemán Adam Von Bremen relata como los vikingos ya habían sentado los lazos comerciales con la gélida Groenlandia y unas tierras fértiles más allá que llamaron “Vinlandia”. Fue en el año 1070 d.C.

Igualmente es popular la llegada de Erik el Rojo a Norteamérica cuando fue desterrado de Islandia, hacia al año 1000 d.C. Navegó hacía Groenlandia, pero en vista de las nieves eternas de aquella tierra decidió seguir navegando hacía el Oeste y llegó a aquella tierra de “vid”… De ahí “Vinlandia”.

El Instituto Smithsoniano realizó una exposición donde se mostraban objetos de aquellos viajeros vikingos y se señalaron lugares donde establecieron algunas aldeas con vestigios arqueológicos e incluso sus relaciones con las tribus locales. Todo está aceptablemente documentado.

Incluso pudieron haber viajado más al sur explorando determinados lugares de Sudamérica. Es la hipótesis de Jacques de Mahieu en su libro “El rey vikingo del Paraguay” (1979). Allí el investigador encontró a la tribu de los “guayaki” quienes escribían con caracteres rúnicos, eran blancos y decían descender de los pueblos del norte…

El profesor Vicente Pistilli (Universidad Nacional de Uruguay) viajó por la zona y encontró rastros de utensilios netamente vikingos mezcladas con las nativas, pero es que en el Museo Antropológico de Asunción (Paraguay) encontramos una talla de un indio guayaki que presenta rasgos caucásicos, es decir: europeo. Además al hombre blanco se le conocía como “ashé” que en vikingo –en vikingo y no en guayaki- significa “fresno”.

Así pues parece evidente que Colón no llegó primero aunque duela en el amor propio patrio… Pero los vikingos tampoco fueron los primeros… Otros llegaron antes que ellos…

El Tesoro de los Zares de Rusia

La amplia Unión Soviética fue durante muchos años un imperio (por su extensión) gobernado por una sociedad “monárquica” atomizada en torno a un regente llamado “Zar”. Pero todo terminó cuando la Revolución Roja, promovida por Lenin, acabó con la lujosa, y licenciosa vida, del último zar, Nicolás II y toda su familia, fue el fin de los Romanov.

Aquella familia despojada de toda riqueza y glamour imperial fue ejecutada y sus restos perdidos durante décadas, tan perdidos como su tesoro, el llamado “Tesoro de los Zares”. ¿Dónde estaba?

Aquella inmensa fortuna fue acumulada por la familia rusa y trasladada de las cortes de Moscú y San Petesburgo a un lugar seguro sin definir… Sería unas 500 toneladas de oro y piedras preciosas, cuadros de gran valor y otras posesiones transportables valoradas en 16 mil millones de euros.

Ese inmenso tesoro podría estar sumergido bajo las aguas del lago Baikal, uno de los mayores lagos de agua dulce del planeta.

Recientes investigaciones informan que investigadores rusos a bordo de submarinos (batiscafos) de gran profundidad, utilizados para explorar el “Titanic” a 3800 metros de profundidad. El “Mir 2” habría hallado en las profundidades de este lago importantes y cuantiosas piezas de oro datadas hacía 1919 o durante la Revolución Rusa y perteneciente a una importante familia rusa.

La leyenda cuenta que el importante tesoro se cargó en un tren bajo la custodia de muchos leales al zar, el destino era un puerto ruso dond el almirante Aleksandr Kolchak lo sacaría del país, pero aquel tren descarriló y todo el cargamento cayó a las profundidades del Lago Baikal.

El 50% de las reservas de oro de San Petesburgo fueron depositadas en Tatartan y luego en Siberia, de allí fue cargada en ese tren que debía llegar a Irkutsk. Pero la formación se dio vuelta y fue a parar las aguas del Baikal.

Durante años fue una historia tenida por legendaria y muchos fueron los que trataron de hallar el tesoro, pero la expedición rusa que empleó el “Mir 2” parece que encontró la pista buena e inspeccionó en el antiguo recorrido ferroviario del tren que cruzaba el Lago Baikal.

Lo primero que captó el “Mir 2” fue el brillo de algo que fue identificado con lingotes o piezas de oro y que podría tratarse del tesoro perdido.

Kolchak, líder del Ejército anti-bolchevique en Siberia, fue capturado por los bolcheviques en 1920 y fusilado en Irkutsk, en Siberia, cerca del lago Baikal. Había intentado tomar el oro para comprar nuevas armas destinadas a seguir la lucha contra la naciente Federación Soviética.

Sin embargo hay otras versiones en torno al tesoro perdido de los zares, otros creen que fue a parar a un lugar inhóspito de Siberia o incluso que fue enterrado por los soldados afines al zar y posteriormente asesinados con el fin de mantener el lugar como un secreto.

Sea como fuere hoy día el tesoro de los zares sigue siendo otro misterio que nos dejan aquellos tiempos de gloria rusos.

El Tesoro de los Nazis

Tras la ideología de la gloriosa Alemania que un loco llamado Adolf Hitler y sus seguidores querían imponer también se escondía un móvil de enriquecimiento personal en forma de amasar una inmensa fortuna en bienes, en oro, en piedras preciosas, en obras de arte… Es la otra cara de la conquista nazi. Quizás la más desconocida.

Así en determinados campos de concentración en Alemania se crearon auténticos depósitos de joyas, oros, dinero en metálico, falsificaciones de billetes… Uno de ellos fue el campo de concentración al norte de Berlín, el campo de Sachsenhausen.

El Effektenkammer era una dependencia del Amtsgruppe D (servicio del grupo D), sección del departamento administrativo y económico: Wirtschafts-und Verwaltungshauptant, con sede en Berlín-Lichterfelde, mientras que el servicio del grupo D, al que se llamó Inspección de los campos, fue instalado en Sacbsenhausen.

Con mucha frecuencia, los trabajos de administración de los bienes reunidos en Buchenwald, Auschwitz, Natzweiler y otros campos, tanto los del Reich como los de los territorios ocupados, son realizados por prisioneros, con tal de que estén bajo el control de las SS.

Entre los diferentes trabajos a realizar en el campo, a un grupo de prisioneros «políticos» le cupo en suerte ocuparse de los libros de contabilidad y archivos. Su misión consistía en organizar los estados de divisas, oro y joyas .recuperadas» en todos los campos, todo lo cual se selecciona y almacena en Sachsenhausen: millones de divisas, kilos y kilos de oro y brillantes!

La reacción de estos hombres ante este tesoro, después de su paso por el comando de la muerte fue como la de un pobre al que acaba de tocarle el premio gordo. Pero, puede uno preguntarse sorprendido, ¿cómo pueden las SS confiar la administración de su «propia» fortuna, un tesoro de tanta importancia, a una decena de prisioneros? La respuesta se impone por sí misma: Las SS se sirven en todas partes de esclavos, pues la casta de los guerreros no dispone de efectivos para las oficinas. Por otra parte, las SS no corren riesgo alguno confiando a los detenidos puestos administrativos y los secretos inherentes a éstos, ya que tienen suma facilidad, llegado el momento, de suprimir a los encargados de tales gestiones. Ni la doctrina ni la ley escrita les prohíben hacerlo.

En el momento en que un deportado penetra en un campo de concentración es obligado a depositar su dinero y todos sus objetos de valor: sortijas, relojes, plumas estilográficas, monturas de gafas de oro, etc. El prisionero encargado de la caja inscribe entonces en los registros los objetos entregados y el controlador SS guarda cada tarde, en las cajas fuertes, el botín reunido en el día y los libros de registro. Para guardar estos valiosos «depósitos» se ha acondicionado un cuarto, astutamente disimulado, en los jardines de la Kommandantur.

A los objetos confiscados a los detenidos del campo hay que añadir las joyas y los valores requisados a los infelices deportados en Ravensbrück, botín que se encargao de llevar a la tesorería de Sachsenhausen miembros de las SS femeninos.

También se anota en los registros de entradas los valores procedentes del campo de Ravensbrück. Millares de relojes, sortijas, pitilleras, polveras de oro, etc., vienen así a aumentar el tesoro de flimmler. Pero esto no es todo. Cada semana hay que realizar una tarea suplementaria que impone el crematorio: recoger y ordenar todos los útiles valiosos y prótesis dentarias, «aunficaciones», todo lo cual debe figurar en los libros bajo el concepto de Fundsache (objetos encontrados). Antes de su entrada en la cámara de gas o en el «matadero» del Genickstand, para la «bala en la nuca», los infortunados designados son sometidos a una visita médica.

El médico SS, tras examinar la boca de éstos, les marca una señal en la frente, con lo cual los ejecutores saben que el aparato dentario debe ser recuperado antes de la incineración. Los médicos SS se encargan, asimismo, del oro y de las prótesis dentarias extraídas a los prisioneros que, procedentes de otros campos, murieron antes de llegar a su destino. El oro «recuperado» por estos mediós es transformado en lingotes en una fundición SS.

El río de los deportados discurre a través del campo dejando en el mismo sus valiosas arenas auríferas. En el imperio de Himmler las Californias son numerosas, y, lo mejor de todo, sin necesidad de que estos buscadores del siglo XX tengan que abalanzarse en tropel sobre sus orillas para buscar el apetecido metal.

Ahora los ríos desvían su curso y depositan sus pepitas de oro en las confluencias. El «chorro» de oro, accionado por esta bomba poderosa, la fuerza, no deja de correr: cuanto más numerosas son las columnas de deportados, mas oro chorrea en las fundiciones de Himmler. Jamás este grupo con suerte de prisioneros ha tenido la ocasión de contemplar tanta cantidad de objetos de valor y bajo formas tan diversas.

Falta vocabulario para inventa-dar tantas cosas: anillos, alianzas, sortijas, brazaletes, cadenas, pendientes, diamantes, tabaqueras, joyeros e infinidad de objetos salidos de las orfebrerías y joyerías de dos docenas de países. Por los cuños y nombres grabados, por el estilo y la técnica de ejecución, sabemos que estos cofres encierran joyas birmanas, indias, japonesas, chinas, rusas, turcas…, sin hablar de piezas únicas salidas de la plaza de Vendóme o de la rue de la Paix, solitarios tallados en Amsterdam y en Amberes, joyas antiguas procedentes de Viena, Praga, Budapest o de Varsovia, e infinidad de regalos enviados de América por los emigrantes a la familia que quedó en el viejo continente.

Para emitir un dictamen pericial de estos tesoros cuyos propietarios jamás se atrevían a reclamar nada, los servicios de Himmler llevaron hasta allí a un famoso joyero del Ruhr para que supervisara el trabajo.

Para dar una idea de la importancia de este pillaje, antes de establecer las cifras de conjunto, contabilizadas por la ¿Inspección» y sobre las cuales hay los informes más precisos, daremos las que el grupo anotó directamente. De un total de 157 000 detenidos ingresados en Sachsenhausen, y de los 35 000 no matriculados, destinados directamente al crematorio, se han reunido: 54.000 sortijas y alianzas, 52.000 relojes, 22.000 plumas estilográficas de elevado valor, 5.200 gafas, 650 máquinas fotográficas y máquinas de escnbr y alrededor de 14.000 joyas, estuches, pitilleras, encendedores Aparte de esto se llegaron a reunir, como fruto de las «recuperaciones», 1.000.000 de marcos, 58.000 dólares, 27.000 libras esterlinas, 1.600.000 francos franceses, 30.000 francos suizos, 180.000 zlotys, 1.200.000 rublos, 50.000 coronas noruegas, 22.000 coronas danesas, 140.000 florines, 320.000 liras y cientos de miles de marcos en monedas albanesa, griega, sueca, turca, rumana, yugoslava, búlgara, báltica, egipcia, belga, etc. Pero mAs importante aún para las SS son, aparte las divisas fuertes, las cuarenta y seis mil piezas de oro entre luises, napoleones, dólares, coronas austriacas, francos suizos y florines y casi siete kilogramos de oro en barra que enriquecen este tesoro.

Valorando una alianza o una sortija en unos cincuenta marcos por término medio, un reloj en unos veinte marcos, una pluma estilográfica en diez y las joyas de oro en unos cien marcos, más las divisas y todo el dinero confiscados, resulta una cantidad que supera los cuarenta millones de marcos alemanes que, divididos entre los doscientos mil deportados (sólo se habla de los que pasaron por Sacbsenhausen), dan una cifra de doscientos marcos por persona. Pero, si contamos los vestidos, calzado, ropa interior y ciertos objetos de valor contenidos en sus maletas, entonces no será excesivo estimar la aportación de cada uno de estos desgraciados en unos quinientos marcos.

Así pues, en Sachsenhausen se recaudé la considerable cifra de 140 000 000 de marcos, sin contar otros ingresos suplementarios tales como el oro robado a los cadáveres, los brillantes y materias preciosas extraídas de sus vestidos y calzado y los cuantiosos beneficios resultantes de la explotación de la mano de obra.

El experto orfebre de Duisburg, Peter Winkels, miembro también de las SS, con el que algunos prisioneros trabajaban, visita con frecuencia la Inspección de los campos que controla el oro y las divisas procedentes de todos los centros concentracionarios. Winkels es un gran especialista que a primera vista puede estimar en su justo valor un objeto o una piedra preciosa. A él acuden, desde hace treinta años, todos los magnates del Ruhr para que les valore pericialmente sus joyas y objetos valiosos.

En Sachsenhausen tiene a su cargo la comprobación de las fichas y la contabilidad de auténticos arsenales de recuperación. Winkels aporta todo el papeleo que esta tarea requiere; a menudo hay que hacer las comprobaciones con él. Las prendas de abrigo de los deportados son enviadas a Ravensbrück, donde el campo de mujeres dispone de grandes talleres de peletería. Una vez registrados y despojados de todo objeto de valor que pueda haber oculto en ellos, los abrigos, capas y prendas parecidas, se envían a Ravensbriick, donde el comando de las costureras los arregla.

Los abrigos de valor son entregados, una parte, a la Haumtamnt VOMI que dirige el general SS Werner Lorenz y distribuidos a las mujeres de los SS; otra parte es reservada a los Waffen-SS y sobre todo a las fuerzas estacionadas en Noruega y Finlandia, para reforzar sus capotes y gorros.

El Reichsführer quiere así demostrar que él se preocupa de sus soldados, como la intendencia de la Wehrmacht lo hace con los suyos. La ropa interior y vestidos de buena calidad son reservados para Himmler y Loenz. Los desechos son enviados a los diferentes campos para que sean repartidos entre los detenidos….

Causas de las Cruzadas

Este movimiento místico-militar pudo cumplir los objetivos de ser:

· Una válvula de escape al exceso demográfico: Aumento de población motivado por la aparición de nuevas técnicas agrícolas, la finalización de las grandes guerras…

· Limpieza social: La ley de la primogenitura en Europa es un hecho y la mayoría de los segundones de las familias nobles dedican la vida a la aventura, a la búsqueda de botín, a saquear, a violar, a matar. Por lo que sería mejor que lo hicieran lejos, en ese caso a infieles y por una causa “justa”; y como Oriente próximo era prácticamente la única parte del extrajero (conocían Europa, cuenca mediterránea y un poco de Asia) que conocían y a la vez era medianamente accesible (por eso el termino Ultramar que denota lejanía era muy apropiado, en aquellos tiempos Palestina quedaba muy lejos y casi sonaba a leyenda, la tierra donde murió el Redentor) tenía casi todas las papeletas.

· Intereses comerciales: Sobre todo de ciudades costeras como las italianas de Venecia, Pisa y Génova. También había otras como Marsella e incluso Barcelona.

· La llamada de socorro y los apuros de los “Otros cristianos”: El imperio Bizantino pasaba por dificultades y sus excelentes diplomáticos buscarían como aliado al Papado para combatir a los terribles turcos selyúcidas. Por otra parte después de su estrepitosa derrota en Manzikert en Occidente veían a lo bizantinos como unos inútiles incapaces de plantarles cara a los infieles en nombre de Jesucristo.

· Colonialismo europeo: Los caballeros y campesinos sin tierras ocuparían nuevos territorios como siglos después lo harían con América. Los hijos no primogénitos de los nobles buscarían una forma de hacerse con tierras y poder, como así ocurrió efectivamente con muchos de ellos. Por su parte los chicos de la baja nobleza buscarían aventura, fama y como no fortuna, y los desheredados de Europa una excusa para intentar poner tierra de por medio entre ellos y sus miserias.

Medicina Antigua

En la Medicina primitiva el concepto de enfermedad es mágico y misterioso, difícil de separar de las creencias espirituales y de conformación del mundo, ya que éstas y las ideas médicas están íntimamente relacionadas.

Tras un análisis etnológico de la enfermedad entre los pueblos primitivos, Clements concluye que reconocen como causa de enfermedad, la infracción de un tabú, el hechizo dañino (algo así como el mal de ojo), la influencia de un espíritu maligno, la intrusión mágica de un cuerpo extraño y la pérdida del alma.

Se puede enfermar y perder el alma por el miedo súbito, por un susto o por un accidente imprevisto. Considera Frazer que la clave del poder curativo del médico primitivo radica en su capacidad para liberar la fuerza psíquica del individuo enfermo, activando con sus ritos y su influencia mágica los recursos curativos del subconsciente colectivo.

En palabras de Laín, el fármaco no obra por su qué>>, su naturaleza o composición esencial, sino por su quién>> – el que le administra, el mago domeñador de las fuerzas ocultas – así cómo>> – el ritual de administración indispensable para su acción – y su dónde>> – el lugar en que se aplica y las fuerzas que allí se liberan.

Los medicamentos, en definitiva, no se emplean por su naturaleza, sino porque ayudan al mago-sacerdote en el control de las fuerzas ocultas causantes de la enfermedad.

Por ello su recolección y preparación ha de ir acompañada de rituales, sólo conocidos por el médico, mago o chamán. Cuando la mente primitiva piensa que la enfermedad se debe a la infracción de un tabú , el médico primitivo cuenta con poderoso recursos terapéuticos, entre los que destaca la “confesión” del enfermo.

Al declarar las faltas morales, el enfermo se libera del sentimiento de culpabilidad que le angustia y que conscientemente acepta haber cometido. Se libera así del sentimiento de culpa.

Los ritos de purificación corporal con el agua, el ayuno, las dietas, los vómitos y las purgas tienen especial interés en el tratamiento de las enfermedades. Los incas tenían cada año un día de purificación en los ríos, a cuyo cauce acudían los reyes a confesar los pecados para que fueran al mar y son bien conocidos los ritos de purificación hindúes en las aguas del Ganges.

Es muy conocido el uso de los baños de vapor por los indios precolombinos como parte de un ritual religioso e higiénico para la curación de las enfermedades. Según José María López Piñero, en la antigüedad hubo acertadas observaciones relativas a las enfermedades.

Por ejemplo, los médicos hindúes descubrieron la presencia de azúcar en la orina de los diabéticos casi dos mil años antes que los europeos, y también anotaron muy tempranamente la relación entre el paludismo y determinados mosquitos, los signos clínicos de las fracturas, etc.

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