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La terrible Rectoría de Borley

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Tengo debilidad por las casas encantadas. Lo reconozco. Suelen tener esa mezcla de ingredientes que alimenta constantemente mi curiosidad y que me lleva a tratar de buscar respuestas aun a sabiendas de que es muy probable que no las halle.

Un edificio para mí es más que una amalgama de materiales de construcción ordenadas con la forma única que le confiere la utilización de ciertos elementos arquitectónicos. Un edificio para mí narra, unas veces de forma silenciosa y otras con las cartas sobre la mesa y a gritos, la historia de aquellos que la han habitado a lo largo de su vida.

Curioseando en la red sobre casos nuevos (y no tan nuevos), tropecé con el que, dicen, es uno de los lugares más encantados del planeta y, claro, no podía pasar de largo. Así llegó a mis ojos, que no mis oídos, el caso de la Rectoría de Borley.

Tal vez existan pocos edificios sobre los que se haya escrito y debatido tanto a los largo de los últimos 150 años, pocos que hayan centrado tanto la atención de la opinión pública y publicada.

La que hoy se conoce como antigua rectoría fue edificada por el arquitecto Augustus Pugin por orden del reverendo Dawson Henry Ellis Bull en 1862.

Las primeras investigaciones hablaban de que se había aprovechado la ubicación de un monasterio de origen medieval construido con el nacimiento de la localidad de Borley como pueblo, sin embargo, esta teoría fue posteriormente refutada. Se eligió el estilo victoriano típico de la época y su misión era dar cobijo al citado reverendo y a su familia, compuesta por nada menos que catorce hijos y, evidentemente, su esposa.

Como decía al principio, los edificios cuentan la historia de aquellos que los habitan y éste no iba a ser una excepción. Una vez más, los límites entre leyenda y realidad se diluyen, aunque parece ser protagonista de una historia trágica, tradicional desencadenante de la fenomenología paranormal.

La Rectoría de un Amor Imposible

 

Se trata de la historia de una monja y un monje que, enamorados, trataron de huir, puesto que su relación estaba lógicamente prohibida. Fueron apresados y condenados a muerte, él por horca pública y ella lapidada entre los muros de su monasterio. El cochero que los ayudaba en su huída fue decapitado también por cómplice.

Si la obra de remodelación y acondicionamiento fue o no un detonante no está claro, sin embargo, fue precisamente poco después cuando comenzaron a registrarse sucesos extraños. Será el reverendo Shaw Reffery quien, durante las vacaciones de 1885, reporta piedras lanzadas por manos invisibles y otros fenómenos de tipo poltergeist, si bien es cierto que no lo hará saber hasta mucho después.

Ya hacia 1900, serán las nietas del reverendo Bull, que había sido sucedido en la rectoría por su hijo, las que afirman haber visto el fantasma de una mujer en la casa y escuchar pasos, describiendo también el comportamiento extraño de objetos que desaparecían y aparecían e, incluso, que se caían solos. Todo ello quedó oportunamente registrado en la correspondencia mantenida por la familia.

Comenzó a hablarse también de un coche blanco etéreo y conducido por un cochero fantasmal sin cabeza y el fantasma de la Rectoría de Borley se hizo tan famoso que los 28 de Julio se congregaban muchas personas esperando ver la llamada “Nun’s walk”, la caminata de la monja, por sus pasillos.

Todo ello se da en un contexto en el que, precisamente en el Reino Unido, se produce una clara eclosión del espiritismo aunando una serie de prácticas que congregaban a religiosos y laicos de clase media-alta, hasta tal punto que grandes nombres han formado parte de este colectivo, como Sir Arthur Conan Doyle, que fue incluso presidente del Colegio Británico de Ciencia Psíquica y Presidente de la Federación Espiritista Internacional.

Así, en 1928 el Reverendo Eric Guy Smith y su esposa se ponen en contacto con la Sociedad de Investigación Psíquica, a la que pertenecía Harry Price, el investigador de cabecera de este caso, para que estudiasen lo que allí sucedía. Parece ser que la esposa del reverendo había hallado un cráneo joven envuelto en papel marrón en uno de los armarios de la casa y entendieron que podía estar relacionado con los que ocurría.

La investigación fue seguida muy de cerca por el Daily Mirror, saltando a la opinión pública, que se volcó canto en ella que Price, unos años después, alquiló la casa para realizar una investigación propia más exhaustiva, invitando a expertos observadores para que participasen en ella.

El investigador continuó trabajando en el lugar y difundiendo sus hallazgos hasta su muerte, no sólo publicando dos libros sobre el tema y hallándose preparando el tercero en el momento de su muerte en 1948, sino también a través de intervenciones en radio y artículos en prensa, todo ello a pesar de que el inmueble se incendió misteriosamente en 1939.

Después del fallecimiento de Price, la Sociedad de Investigación Psíquica realizó un nuevo informe, encargado a Eric Dingwall, Kathleen Goldney y Trevor Hall, en el que le acusaban de manipular las pruebas para conseguir fama y dinero mediante la publicación de “The most haunted house in England: ten years’ investigation of Borley Rectory”.

Sea como fuere, a día de hoy es un caso que sigue bajo investigación. Los resultados obtenidos por Henry Price siguen sometidos a examen aunque siempre existirá la duda sobre si quien los examine los respaldará o refutará por la fama que reportaría dar solidez o desmontar el trabajo del investigador o si realmente existe una búsqueda de la verdad sobre lo que sucede en la Rectoría de Borley.

Poco queda ya del edificio tras su necesaria demolición allá por los años cuarenta. Sin embargo tal vez sea momento de revisarlo y realizar una nueva investigación, con nuevas pruebas que puedan obtenerse utilizando los medios técnicos de que disponemos en la actualidad, dejando a un lado los hallazgos de Price, para refutar o verificar de forma definitiva si, efectivamente, la Rectoría de Borley es uno de los lugares más encantados del mundo.

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