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El Perro Fiel del Cementerio de Greyfriars

El Perro del Cementerio

 

Escocia es un país famoso por su tradición en viejos fantasmas y en lacustres monstruos, pasear por sus calles y espacios subterráneos es sumergirnos en un mundo extraño, donde lo inexplicable cobra forma y donde el misterio anida en cada rincón. Una buena muestra de ello es la bella ciudad de Edimburgo, su capital.

En las proximidades del Mary King´s Close encontramos uno de esos lugares donde el misterio, la tragedia, el silencio tiene mucho de inexplicable y que son los testigos los que, horrorizados, cuentan como allí se manifiestan los espectros del viejo cementerio, cuya historia aparece encadenada a los llamados covenanters.

Los covenanters eran un grupo religioso, calificados de sectarios, que tuvo su momento en el siglo XVII y que encontró en el presbiterianismo el medio idóneo para desenvolverse. Pero hacia 1679 los covenanters caen en desgracia y fueron perseguidos siendo apresados, lucharon y se revelaron acabando todo en un baño de sangre.

Se cuenta que tras matar a muchos de ellos fueron enterrados y que, días después del entierro, sus historiadas lápidas tenían que ser protegidas con cercas y vallas ya que los saqueadores de tumba gustaban de ir a robar los restos para que practicaran los médicos o realizaran todo tipo de experiencias innombrables con sus cadáveres.

Desde entonces el lugar de la tragedia y el viejo cementerio están marcados por las apariciones.

En muchas ocasiones se habla de apariciones y de fantasmas de sujetos a los que se les busca una correspondencia: un antiguo señor, un conde, un noble… Pero también nos podemos encontrar animales.

Un Perro Llamado Bobby

Es el caso de un perro llamado Bobby. Debió ser un modelo de fidelidad pues nada más llegar al cementerio destaca una pequeña estatua en su honor y que es una de las fotografías que más se hace de macabro recuerdo.

Tendríamos que revisar su historia para comprender un poco mejor la importancia social que tuvo este animal y la razón de rendir honor a su figura.

Bobby era el perro del capitán Porteous, figura del siglo XVIII, que murió repentinamente y fue enterrado en el viejo cementerio de Greyfriars.

En muchas ocasiones hemos oído hablar de la fidelidad y del amor animal y el caso de Bobby iba a ser uno de ellos pues añorando al militar muerto el perro se fue junto a la tumba de su amo y allí permaneció día y noche, uno tras otro, hasta que murió.

La fidelidad de Bobby fue tan legendario que eran muchos los ciudadanos que se acercaban hasta allí para ver si necesitaba algo, darle de comer y comprobar que su estado era bueno, aunque el clima húmedo de Edimburgo y la prolongada estancia en el cementerio iban minando, poco a poco, a la salud del fiel animal.

Bobby murió y Edimburgo le rindió honores, fue enterrado con las más destacadas distinciones populares siendo muchos los que lloraron la pérdida del can del que decían que era un ejemplo de lealtad.

Pero tras su muerte comenzaron a llegar comentarios de personas que paseaban por el camposanto y decían ver un perro pequeño que jugueteaba y corría por entre sus calles.

La descripción que hacían estaba muy cercana a Bobby pero con la diferencia que ¡estaba muerto y enterrado!

Pensaban que debía de tratarse de otro animal, quizás parecido, o que eran imaginaciones de los testigos que alucinaban y seguían echando de menos al perrillo y querían ver lo que no había o lo que sus corazones deseaban ver, pero en ningún caso el espectro del perro.

Pero los comentarios fueron tan insistentes y continuados que la historia de las apariciones de Bobby en el cementerio de hicieron famosas y fueron más allá la marcada sociedad de la época y el tiempo hasta llegar a nuestros días.

Otros Fantasmas en Greyfriars

En Greyfriars nos encontramos a otro fantasma, esta vez menos juguetón y entrañable que nuestro amigo animal.

Se trata del desagradable y siniestro John Mackenzie, un abogado con mala fama que se caracterizó en vida por tener pocos escrúpulos y que se ganó el sobrenombre de George “the Bloody”, o lo que es igual: Jorge “el sangriento”.

Cuando éste hombre falleció nadie lloró su muerte, encontró el camino sin retorno a ésta vida en 1691 y desde ese año no ha dejado de aparecerse en el cementerio.

Se ha visto y descrito como una forma cadavérica, esquelética, que anuncia su presencia con los raps, ruidos relacionados con los fenómenos paranormales, luego –de forma antinatural- baja la temperatura, y dicen que su silueta traslúcida comienza a recorrer cada calle y palmo del cementerio hasta desaparecer en la denominada como “ciudad de los muertos” y que se correspondería, nada más y nada menos, que con la cárcel en la que los covenanters fueron encarcelados y donde muchos de ellos encontraron una sentencia a muerte que, con posterioridad, sería ejecutada. En un lugar tan marcado con ese se pierde la pista del infame y malvado abogado.

Todo aquel que desee pasear por éste viejo cementerio puede hacerlo, desde la denominada Milla Real sólo está a cinco minutos, allí está la vieja capilla de Greyfriars Kirk, lugar maldito en el que muchos de los covenanters encontraron la muerte, allí está la estatua de Bobby, si presta atención tal vez lo vea corretear entre las calles del cementerio, hasta puede que se le acerque, no le tenga miedo, sólo quiere jugar.

Allí, si baja la temperatura corra, tal vez detrás suya se encuentre John Mackenzie esperando cobrarse una nueva víctima… Son las historias de un lugar maldito, las historias legendarias y reales del Greyfriars.

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