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Qué son las casas encantadas

casas encantadas

Está de moda. Parece que en los últimos tiempos hablar de casas encantadas está dejando de ser tabú, la investigación paranormal deja de ser una rareza para constituirse firmemente en un nuevo camino que busca respuestas para sucesos que los conocimientos científicos actuales no son capaces de explicar.

Sin embargo, aún se sabe poco sobre lo que son exactamente y pocos conocen cómo determinar la naturaleza de la fenomenología que albergan, igual que no se sabe exactamente de dónde viene una psicofonía, pero el hecho es que existen.

Generalmente, al pensar en edificios “con encanto”, se nos representa la imagen arquetípica del caserón centenario con el cinematográfico fantasma familiar, aquella tatarabuela de moño alto, rostro severo y ropajes victorianos que escondió sus joyas entre dos tablones en el entarimado y que quiere, o no quiere, que sean descubiertas, pero la cuestión es mucho más seria.

Casi con total probabilidad reaccionaríamos de forma distinta si los sucesos extraños se diesen en el lugar que nos causa tantos desvelos con el banco: nuestra propia casa. Existen muchas más perspectivas que la que ofrece el mal llamado boca a boca sobre casos de fenómenos en domicilios de familiares de conocidos. A menudo, el chascarrillo deforma la realidad y en esos casos lo mejor es siempre acudir a fuentes primarias o, en su defecto, serias.

Aceptaremos como definición que una casa encantada es una construcción, puesto que a veces no es una vivienda, sino un edificio oficial o de servicios, en la que se producen fenómenos inexplicables. RAPS, poltergeist, orbes, puertas que se abren o cierran solas, sin intervención humana ni de ninguna corriente de aire, objetos que desaparecen y aparecen de nuevo unos días después o, incluso, que se mueven solos, ruidos extraños que van más allá de los típicos sonidos de asentamiento y de cambio de temperatura que se dan en todas las edificaciones, sombras que aparecen en nuestra visión periférica, zonas inexplicablemente frías aunque la calefacción esté funcionando correctamente… el número de opciones es amplio.

Pero ¿cómo se llega a ese punto?

No todas las casas encantadas son iguales, si bien es cierto que suele haber un punto más o menos común en el origen de este tipo de fenómenos: el arraigo o el apego, un hecho doloroso entre sus muros o bien un conflicto histórico en el terreno que le sirve de base.

Precisamente por ello parece generalmente aceptado que los edificios se impregnan de la energía de aquellos que los habitan, ya sea permanentemente o de forma temporal, y este es el motivo principal para que los lugares con amplio recorrido histórico sean especialmente propensos a convertirse en el escenario de fenómenos inexplicables.

Ahora bien, ¿siempre tiene que haber un componente histórico? ¿Hablamos siempre de fantasmas? Tal vez existen demasiadas preguntas y muy pocas respuestas, a pesar de que internet es una fuente inagotable de “información” y que existe hasta un “wikihow” de cómo diagnosticar si la casa de uno está encantada, pero ¿quién dijo que el camino de la luz sería fácil?

No hace mucho recordábamos, en una ruta urbana por Sevilla, el caso de una mujer que por nada del mundo quería salir de su casa a pesar de su avanzada edad y que, al morir, dejó su energía prendada a su domicilio, complicándole la existencia a los inquilinos posteriores que, para más inri, eran aficionadas a la oui-ja y los temas paranormales y que, a pesar de ello, decidieron mudarse de allí aunque habían pagado un alto precio por el inmueble.

Por tanto, ¿podemos concluir que, además de ese “acontecimiento de origen”, se hace necesario un desencadenante posterior?

Podríamos decir que sí. No dejan de ser manifestaciones energéticas, por lo cual necesitan energía para hacer llegar su “mensaje”, es necesario un canalizador, una persona que sirva de canal de transmisión, que cargue el lugar, como si de unas pilas se tratasen, facilitando el proceso.

Aquí entramos en terreno farragoso: la intervención humana. Cualquiera puede preguntarse por qué hablar de ello cuando en principio el artículo versa sobre casas encantadas, pero es impensable la existencia de una edificación de la índole que sea sin intervención humana, de modo que la interacción entre edificio y persona no sólo es necesaria, sino también inevitable: no se construye una casa sino para ser habitada.

Los excépticos y los fenómenos paranormales

Aquellos que defienden la inexistencia de los fenómenos paranormales y sostienen que todo es explicable achacan este tipo de sucesos a la sugestión: los objetos no desaparecen y aparecen, sólo nos pasan desapercibidos, los ruidos siempre tienen como causa algún vecino o agente externo, las puertas abiertas y/o cerradas son fruto de acciones automáticas de las que no somos conscientes, las sombras nada más que efectos de luz y las voces, partes del guión de la película que está viendo el vecino.

Pero si dejamos a un lado la visión escéptica, surge la pregunta clave: ¿qué o quién transmite? Sean personas que vivieron en el lugar anteriormente, seres interdimensionales o restos de energía almacenada que nuestro PSI capta y canaliza, la experiencia suele ser lo que prima.

Lo cierto es que, sean lo que sean y con independencia del conocimiento que acaben proporcionándonos las investigaciones, para aquel que lo vive en su domicilio no es algo sujeto a discusión, es una realidad tan patente e importante que suele devenir en cambios de residencia.

Desconocemos por qué en cada caso se da un fenómeno y no otro, por qué cada energía se manifiesta “a su manera”, como siempre, muchas incógnitas quedan por resolver en materia de casas encantadas y el camino que nos queda por delante es complejo, pero como dicen en el norte… haberlas, haylas.

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